DOS CRIOLLOS EN NEW YORK

Hacen hoy 75 años marchaban con rumbo a Nueva York los dos caballos criollos más famosos de la historia, en el Río de la Plata. Montados por el Profesor Aimé Tschiffely, Mancha y Gato Cardal, que habían salido de la Sociedad Rural Argentina el 23 de abril de 1925, trotaban por suelos americanos en su afán de cubrir los 25.500 kilómetros (4.300 leguas) que separan o unen a Buenos Aires con Nueva York. Y la hazaña se cumplió. Para ello fueron necesarias 504 etapas, que dieron un promedio de marcha de 42,6 kilómetros cada una. No obstante en este recorrido era imposible mantener promedios. Se marchó al nivel del mar, se cruzaron los Andes a 5900 metros de altura, se atravesaron guadales, pantanos, desiertos, campos fértiles, arenas movedizas y también supercarreteras, que en los EEUU crearon más problemas a estos criollos que muchos de los que tuvieron que vivir en su azaroso viaje. Tomaron del agua que encontraron en el camino. Pastaron lo bueno y lo malo y fueron muy pocas las veces que pudieron comer avena o maíz. Llegaron como salieron, dando una prueba de rusticidad y de adaptación a cada circunstancia que hace, una vez más, legendaria su hazaña.

Pero principio quieren las cosas. ¿Quién era este "gringo"al que se le ocurrió hacer tamaño viaje? Aimé Félix Tschiffely era Maestro de Escuela, quien luego de haber dictado clases en Inglaterra, se radica en Quilmes (Pcia. de Buenos Aires) donde ejerce el magisterio por 9 años en el colegio San Jorge, de esa localidad. En esos años soñó muchas veces con el viaje. ¿Pero como hacerlo? Para ello y buscando una guía, recurre a las oficinas del diario "La Nación" de la capital Argentina, donde el Dr. Octavio Peró, luego de varios encuentros y otros tantos interrogatorios, decide derivarlo a su amigo el Dr. Emilio Solanet, uno de los pioneros en la recuperación de la raza criolla y toda una autoridad en la materia. Es a través de una carta enviada al Dr. Solanet el 22 de noviembre de 1924, donde Tschiffely le comunica a éste la intención de hacer el viaje y le pide su ayuda y asistencia.

Finalmente Tschiffely es recibido en "El Cardal", legendaria estancia de los Solanet. Allí, como buen criollo, Emilio Solanet lo escucha, dialoga con él y finalmente lo pone a prueba durante varias semanas. Una de las pruebas consiste en que el "Gringo Loco", como cariñosamente le gusta llamarlo, deba hacer un primer viaje al Uruguay con dos caballos. Uno de ellos le acompañará después en su viaje a Nueva York. Pero quizás, lo más importante de esta visita previa, es que Don Edmundo Griffin, propietario de la estancia "La Palma" (Paysandú) le regala a Tschiffely "un cirigote, tipo de silla usado en el Uruguay y en la provincia de Entre Ríos...Usé la misma montura durante todo el viaje" (sic). El cirigote estaba fabricado por Masseilot en Paysandú y como lo dijo el mismo, será la silla de montar que el expedicionario elija para llevar a cabo su hazaña.

¿Quienes eran Mancha y Gato Cardal? Ambos caballos habían sido comprados al cacique Liemichún en los viajes de selección del Dr. Solanet a la Patagonia y habían recorrido desde el Sur 1600 kilómetros para llegar a "El Cardal", sin pensar su propietario que futuro les esperaría. Cuando son elegidos para el viaje "Mancha", un overo rosado manchado tiene 16 años y su compañero "Gato", un gateado, tiene quince.

Los dos son usados repetidamente por el jinete hasta que los conoce y estos se adaptan a él. Todo pronto para el raid, se decide que el mismo se inicien en Palermo, desde el predio de la Sociedad Rural el 23 de abril. Desde allí salen con destino a Morón, bajo lluvia persistente, en uno de los peores otoños de la época. Tocarán luego Rosario, Santiago del Estero, Tucumán, Jujuy, la Quebrada de Humahuaca, La Quiaca y finalmente Bolivia. Y de allí a Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, México – una de las etapas mas brillantes del viaje- para finalmente entrar a los EEUU por Laredo y desde allí a Nueva York. El 21 de setiembre de 1928 fueron recibidos en el City Hall por el Alcalde Mr. James Walker y luego recorrieron la Quinta Avenida, cerrada al tráfico en su honor, donde Manhattan los recibió como sólo se reciben los héroes. Realmente lo fueron. Mancha y Gato llevaban en sus cascos el polvo de diez y ocho países recorridos y en su sangre la enorme calidad y humildad de los caballos criollos.

Vueltos a la República Argentina, vivieron mimados en "El Cardal". Gato alcanza a la edad de 34 años y Mancha la de 37. Hoy sus cuerpos reconstruidos se encuentran en el Museo de Luján. Allí están ensillados, como esperando iniciar otra etapa de ese viaje a la Gloria, a la que pocos llegan.

Espinillo