La producción global de carne en el nuevo milenio

Merlyn Carlson
Presidente de US Meat Export Federation
Secretario de Agricultura del Estado de Nebraska

La globalización no es una ideología, ni una teoría política sino una evolución económica. La promoción de la liberalización del comercio y la globalización beneficia a nuestros países.

Pero no podemos alimentar a la población del futuro con la agricultura del presente. En estos tiempos, nos encontramos bombardeados por términos reiterativos: biotecnología, OMC, multi-funcionalidad, ingeniería genética, sanciones unilaterales, políticas cerradas, productos con valor agregado, la lista sigue y sigue. Además, nos ahogamos en datos, pero carecemos de información útil.

Nos enfrentamos a un mundo con expectativas muy superiores a las que tenía hace 20 años: un mundo con más personas, más dinero, más oportunidades en el mercado, más adelantos tecnológicos y, por suerte para nosotros, mayor demanda para nuestro producto: la carne vacuna. De hecho, nuestra industria cambia con la misma celeridad que nuestra imaginación. ¿Qué hacemos? ¿Cómo respondemos a la necesidad de MÁS PRODUCTOS, mientras nos ocupamos del significado de esos términos repetidos una y otra vez?

Algunas de las respuestas consisten en reconocer que tenemos una economía mundial en expansión y cambiante. Debemos comprender las demandas del mercado. Tenemos que aceptar los adelantos tecnológicos innovadores. Debemos destruir las barreras que obstaculizan un mercado global competitivo y equilibrar la plataforma comercial.

Un mundo cambiante

Hay 6 billones de personas en el mundo hoy y se espera que la cifra se duplique dentro de los próximos 50 años. Esto significa que cada año nacen 120 millones de consumidores potenciales de carne.

Sin embargo, no es solamente el crecimiento de la población lo que nos proporciona más oportunidades en los mercados. Las dietas se están haciendo más occidentales, lo cual implica que la gente elige más proteínas. Y el aumento de los ingresos y del nivel de vida en muchos países está produciendo cambios en el estilo de vida de las personas. En este momento, una quinta parte de los 6 billones de personas que habitan el mundo gozan de ingresos per cápita superiores a los U$S 20.000 anuales. Conforman el 85% de la economía mundial. Otras tres quintas partes de la población mundial luchan por convertirse en una clase media global, mientras que la quinta parte inferior apenas si tiene suficiente comida.

Ahora bien, los estudios han demostrado que una de las primeras cosas que hace la gente cuando cuenta con algo de dinero extra es mejorar su dieta con más proteínas, productos lácteos y verduras. Los economistas nos dicen que la correlación entre el consumo de carne y la disponibilidad de dinero resulta más evidente en aquellos sectores con un ingreso personal que se ubica ente los U$S 1.000 y U$S 5.000 por año. A mayores ingresos, mayor consumo de granos, carne y verduras. Ya podemos observar esta tendencia. Los japoneses, por ejemplo, consideran que el consumo de carne es sinónimo de un estilo de vida elevado. Para ellos, comer carne es algo a lo cual se debe aspirar. En Taiwan, el crecimiento económico acelerado producido ente 1960 y 1990 provocó una disminución del 50% en el consumo de arroz, mientras el consumo de carne se cuadriplicó.

La demanda de carne vacuna en los países en desarrollo ha aumentado entre el 7 y el 8% en los tres últimos años.

A nivel mundial, la producción de carne no puede satisfacer el consumo. El aumento promedio de la producción desde 1995 es del 13%, mientras el consumo subió a un ritmo anual mayor, 17%, en el mismo período.

Los mercados de carne de pollo y cerdo también están en pleno crecimiento. Durante un lapso de ocho años, 1990-1998, la producción de carne vacuna aumentó, pero logró captar apenas el 10% de los nuevos compradores de carnes. La competencia, especialmente el pollo, captó el 90% restante.

Demandas del mercado

Los consumidores actuales se interesan por aspectos tales como la terneza, el color, la incidencia en la salud y la sanidad de la carne. Y quieren una comida ya preparada, no un producto genérico. El tema central es el juicio de valor que emite el consumidor y eso depende en gran medida de su percepción de la calidad y la satisfacción al comer el producto. En síntesis, quiere que sea fresca, sana, segura y lo quiere ya.

Trabajar con nichos de mercado y las nuevas tecnologías puede contribuir a satisfacer estas cuatro demandas del consumidor. Programas tales como la «Carne Hereford Certificada» brindan al consumidor la posibilidad de saber exactamente qué tipo de carne le sirven en el plato. Y el mejoramiento genético de ciertos rasgos en un producto es un progreso en la evolución del proceso que venimos cumpliendo desde hace muchos años: encontrar caminos para lograr que nuestro producto sea mejor desde un punto de vista eco-eficiente. La manipulación genética nos permite sembrar granos más resistentes a la sequía y con menor necesidad de pesticidas, y granos que dan mayores cosechas sin requerir más tierra. Podemos incorporar proteínas y vitaminas a la dieta para mejorar la nutrición y combatir el hambre. Podemos extender la vida del producto en el estante y envasar un trozo de carne con verduras y frutas para convertirlo en un plato completo, listo para el consumo.

Sin embargo, parecería que cada paso hacia delante en la tecnología moderna de alimentos ha sido acogido con muchas y poderosas barreras comerciales. En lugar de interpretar el mejoramiento genético como un arma potencial en la lucha mundial contra el hambre, la desnutrición y la provisión de alimentos, algunos países han optado por convertir a la "biotecnología" en un obstáculo contra el libre comercio. La prohibición de la Unión Europea que impide el ingreso de carne con promotores hormonales del crecimiento se ubica en la misma línea.

Consideramos que los impedimentos en la aceptación de productos se deben fundamentar sobre descubrimientos científicos, no sobre temores infundados o proteccionismo. Debemos aprovechar las posibilidades que ofrece la tecnología en la alimentación de una población mundial en crecimiento usando menos tierras, menos agua y menos productos químicos.

Este tipo de barreras impiden la globalización del comercio, y el sistema de comercio abierto es la clave para elevar el nivel de vida de millones de familias y construir un mundo más seguro sobre la base de la confianza y la interdependencia.

Es a partir de estos conceptos que les sugiero que debemos avanzar en el uso de las nuevas tecnologías en lugar de retroceder y levantar barreras. Este es uno de los desafíos más importantes que nos esperan.

Las barreras globales contra el libre comercio

Se nos informa que el 90% de la carne que se produce en el mundo se consume en el país de origen y solamente un 10% se comercializa a nivel internacional. Las barreras contra el comercio agrícola son 10 veces mayores que las tarifas industriales comunes. Esto no hace sino subrayar la necesidad de equilibrar la plataforma de pagos.

Se ha calculado que el proteccionismo comercial cuesta 250 billones de dólares anuales a los países desarrollados. De modo que los datos indican que el libre comercio significaría una vida mejor para las familias en todo el mundo. Pero ¿qué seguridad pueden tener esas familias de que cuando su país abra las puertas al comercio, esos productos estarán a su disposición mañana y pasado mañana?

A modo de conclusión, quisiera pedir prestada una frase de Libanio, un filósofo griego que comprendió el valor del comercio en el siglo IV antes de nuestra era: "Dios no derramó todos los productos en todos los rincones de la tierra, sino que distribuyó sus dones sobre distintas regiones, a fin de que los hombres pudieran cultivar una relación social porque cada cual necesitaría la ayuda de los demás. Y así, creó el comercio, para que todos los hombres pudieran gozar de los frutos de la tierra, independientemente de dónde se producen"
 

Extraído del XIII Congreso Mundial Hereford
Buenos Aires, Marzo de 2000.