Políticas para una agropecuaria competitiva. El caso neocelandés

Discurso pronunciado por Hon. John Luxton, Ministro de Alimentación, Fibras, Bioseguridad y Control de Fronteras de Nueva Zelandia, el 5 de agosto de 1999 en la Sala de actos del Plan Agropecuario

Introducción

Es un placer estar en el Uruguay. Nueva Zelandia y el Uruguay tienen mucho en común. En ambos casos, gran parte de nuestra herencia proviene de Europa y los dos tenemos una economía diversificada, basada en la agricultura con aproximadamente tres cuartos de nuestras exportaciones derivadas del sector primario. Poseemos una población de similar tamaño, una mezcla entre lo urbano y lo rural y ambos somos a menudo eclipsados por nuestros vecinos, también parecidos, apostados en la otra orilla (la Argentina en vuestro caso y Australia en el nuestro).

Si bien nuestro intercambio comercial no es grande, nuestra relación es de particular importancia debido a nuestros vínculos agrícolas. Compartimos el mismo modo de ver ciertos asuntos como el comercio agrícola y ambos países somos miembros activos del Grupo Cairns. Tenemos un creciente programa de intercambio estudiantil (creo que hay algunas personas entre el público que se vieron beneficiados por esos programas), hay algunos neocelandeses haciendo negocios en el Uruguay y viceversa. Tengo la certeza de que las relaciones a nivel político también continuarán creciendo.

Organización Mundial de Comercio

Nueva Zelandia desea expresar su sincero agradecimiento por el temprano apoyo del Uruguay a la candidatura del Sr. Mike Moore, quien asumirá el puesto de Director General de la Organización Mundial de Comercio el mes próximo.

Sin dudas, él deberá ser y será un Director General imparcial. No obstante, es de crucial importancia en este momento tener un líder que entienda por experiencia propia el significado de un sistema basado en reglas y la necesidad de que tanto el comercio agrícola como el industrial reciban un tratamiento justo al amparo de esas reglas. Como países pequeños, el Uruguay y Nueva Zelandia comprenden la preocupación del mundo en desarrollo respecto de lograr que sus productos básicos comercializables reciban una justa protección dentro de las normas de la OMC.

Hace dieciséis años, y no lejos de aquí, en Punta del Este, la Ronda del Uruguay dio inicio a la liberalización del comercio agrícola dentro del marco del GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio ), un tema que había quedado excluido del GATT original hace 50 años. En noviembre, en Seattle, tendremos la oportunidad de participar de una nueva ronda de negociaciones sobre productos agrícolas. Tengo la convicción de que liberalizar el comercio agrícola es esencial para el futuro de la agricultura en ambos países.

Nuestros productores agrícolas dependen de las exportaciones. Hay mucho por ganar tanto a nivel local como internacional, al poner fin a los subsidios a la producción y exportación de productos agrícolas, y al eliminar las barreras arancelarias. El comercio global continua incrementándose en un grado tres veces mayor que la producción.

Desgraciadamente, las barreras que muchos países utilizan contra importaciones de productos agrícolas provenientes del extranjero son enormes.

Día a día, nuestros dos países se enfrentan con:

  • aranceles extraordinariamente altos
  • sistemas administrativos para las importaciones que frustran nuestro comercio
  • demoras en las aprobaciones de nuestros productos, y
  • otros tantos regímenes de importación proteccionistas diseñados para impedir a nuestros productores obtener el acceso a los mercados y ganancias justas

Los exportadores agrícolas son los que enfrentan las mayores barreras al comercio de entre todos los sectores.

Aún enfrentamos elevadas barreras arancelarias a nuestros productos agrícolas en los mercados de la Unión Europea, los Estados Unidos y Japón. La reforma del comercio es de vital importancia para el futuro de nuestros países. Nos guste o no, los productores agrícolas de Nueva Zelandia dependen del comercio. Cualquier productor podrá decirle lo importante que es asegurarse el acceso a los mercados de exportación: 85% de nuestra producción agrícola se exporta.

Los objetivos del Grupo Cairns para la reunión de Seattle

Para decirlo en pocas palabras, como miembros del Grupo Cairns estamos tratando de alcanzar una liberalización más rápida y profunda del comercio agrícola internacional, cuyo resultado debe ser que el comercio de productos agrícolas sea tratado sobre las mismas bases que el comercio de otros bienes. Los elementos claves de esta posición fueron delineados en la Visión del Grupo Cairns, adoptada por los ministros del grupo en abril de 1998.

Subsidios a las exportaciones: No hay justificativo posible para mantenerlos. El Grupo Cairns considera esencial que las próximas negociaciones aseguren la temprana y total eliminación y la prohibición de todas las formas de estas políticas distorsionantes y no equitativas.

Se deben aplicar reglas fuertes para evitar que las disciplinas sobre subsidios de exportación sean ignoradas y se debe poner fin a los subsidios gubernamentales a los créditos para exportaciones agrícolas. La Unión Europea está primera en la utilización de subsidios de exportación, especialmente para los lácteos. Sus más recientes reformas (Agenda 2000) causaron gran desilusión ya que no reconocen la realidad de que es insostenible continuar con los subsidios a la exportación.

Acceso a los mercados: Debería haber una gran expansión de las oportunidades de acceso a los mercados para los productos agrícolas, mediante un drástico recorte de los aranceles, incluyendo los más elevados, llamados picos arancelarios.

El aumento arancelario está estableciendo aranceles para proteger sectores de procesamiento agrícola internos. Esto debe desaparecer. Los volúmenes de comercio bajo los cupos arancelarios deben incrementarse sustancialmente y deberían desarrollarse mejores reglas para la administración de los cupos arancelarios, a fin de asegurar que el modo en que están administradas no disminuya el valor de las oportunidades de acceso al mercado creadas.

Los Estados Unidos, por ejemplo, importan actualmente 110.000 toneladas de queso bajo cuota. Esto representa un 3% de los 3.5 millones de toneladas de queso consumidas en los Estados Unidos cada año. La excesiva protección proporcionada por una salvaguardia agrícola especial debe también ser eliminada.

Apoyo interno: Este fue el resultado más magro obtenido de la Ronda del Uruguay. Los subsidios internos deberán tratarse con mayor eficacia esta vez. El apoyo interno que distorsiona el comercio debe eliminarse, permitiéndose solo el apoyo no distorsionante. Se debe prestar especial atención a las medidas alternativas de ayuda para asegurar que se encuentren correctamente dirigidas, sean transparentes y completamente independientes de modo que no distorsionen ni la producción ni el comercio.

El término "multifuncionalidad", ahora popular, aunque francamente carente de todo significado no debe ser utilizado como excusa para otorgar subsidios a los productores agrícolas. Otro problema consiste en que los compromisos de apoyo interno se aplican a la producción en su conjunto y no en forma individual. Esto permite que los países eleven sus niveles de apoyo distorsionantes del comercio en ciertos sectores, especialmente el de los lácteos.

Las medidas que se tomen en las áreas de: acceso a los mercados, subsidios a la exportación y apoyo interno, serán el sostén de las negociaciones agrícolas. Pero existen otras varias áreas que ciertamente Nueva Zelandia, y que estamos seguros de que otros miembros del Grupo Cairns, mirarán con interés para asegurarse de que las medidas no se introduzcan o adopten con el objetivo o el efecto de crear obstáculos al comercio agrícola.

Los compromisos para asegurar el acceso a los mercados no tiene beneficios prácticos si el acceso al mercado queda bloqueado por otros requisitos. Las áreas de nuestro interés son:

  • toda tentativa de ignorar un enfoque totalmente científico de las medidas sanitarias y fitosanitarias incorporando las así llamadas "preocupaciones de los consumidores";
  • los requisitos que pudieran imponerse en relación a la aprobación de productos biotecnológicos que no permitan a los consumidores beneficiarse con los avances de la ciencia a través del comercio internacional;
  • la imposición arbitraria o innecesaria de requisitos de etiquetado; y
  • todo intento de extender la protección de la propiedad intelectual a las así llamadas "expresiones tradicionales" en el área vitivinícola.

En un sentido amplio, este es el camino que ha hecho Nueva Zelandia con miras a los preparativos para las negociaciones. Estamos en un proceso de refinar nuestras prioridades entre tan amplios objetivos y de considerar cómo pueden traducirse en resultados de las negociaciones.

La reforma económica de Nueva Zelandia

La semana pasada, algunos de ustedes entendieron aquí en el Uruguay, el discurso que hizo una ex colega, Ruth Richardson. Como ex ministra de Finanzas, gestionó muchas reformas, incluso el modo en que el gobierno administra la política fiscal. Como productora agrícola, la señora Richardson era afecta a decir que la mayor contribución que ella podía hacer para mejorar la situación de los productores no era ser Ministra de Agricultura sino de Finanzas. Esto se debe a que ella piensa que una sólida competitividad económica es necesaria para que los productores agrícolas prosperen.

Como Ministro de Agricultura, comparto la opinión de que el rol de un buen ministro de agricultura en la economía moderna consiste en asegurar que la economía local sea competitiva a nivel internacional, que los insumos agrícolas se encuentren disponibles a los mejores precios del mundo y que el Estado sea eficiente y pequeño.

Durante los últimos 15 años, Nueva Zelandia ha:

  • liberalizado sus leyes laborales;
  • reducido drásticamente sus aranceles;
  • introducido marcos que han proporcionado políticas monetarias y fiscales estables;
  • reducido el rol del Estado en la economía, privatizando las empresas estatales;
  • reducido el gasto público, los impuestos y la deuda; y
  • desregulado las industrias tales como el transporte para posibilitar una mayor competencia.

Todo esto ha logrado una economía más competitiva internacionalmente, una reducción de los costos de los insumos para el sector comercial y una mejor rentabilidad de los que ganan las divisas tan necesarias para Nueva Zelandia.

Los antecedentes de estos cambios se encuentran bien documentados. Hacia 1984, Nueva Zelandia se había convertido en una de las economías más aisladas del mundo occidental y el grado en que el gobierno se encontraba involucrado era muy alto. Causado en parte por una crisis de la deuda, el gobierno de Nueva Zelandia tuvo que tomar decisiones difíciles.

El sector agrícola, el más importante de Nueva Zelandia, se encontraba entre los más protegidos, lo cual era insostenible debido a su tamaño. Actualmente, se han eliminado todos los subsidios a la agricultura. Como resultado, podemos producir bienes agrícolas para exportar más baratos que casi ningún otro país y los productores no quieren la vuelta de los subsidios. Hablaré de eso en breve.

Liberalización del comercio

Entre los cambios clave que se introdujeron en Nueva Zelandia durante los últimos 15 años está la liberalización del comercio. Nuestras cuantitativas restricciones a la importación fueron eliminadas y nuestros aranceles fueron progresivamente reducidos. Nueva Zelandia será un país libre de aranceles para el año 2006 y actualmente los aplica en solo un 3% de las importaciones.

La liberalización del comercio en Nueva Zelandia ha sido en gran medida unilateral. La reducción de los aranceles de importación, junto con las reformas económicas, en general, ha sido llevada a cabo por sucesivos gobiernos, no como una concesión a otros países, sino porque es bueno para Nueva Zelandia. El reducir nuestra protección beneficia a la economía de Nueva Zelandia, independientemente de que lo hagan nuestros socios comerciales, porque un mejor acceso a productos más baratos mejora la competitividad. En realidad, los agricultores han sido los mayores defensores y los beneficiarios de nuestras unilaterales reducciones de aranceles ya que los costos se redujeron.

Como el Uruguay, Nueva Zelandia es un país demasiado pequeño para ejercer mucha influencia en el escenario internacional. Nuestros aranceles no han sido reducidos con la esperanza de que nuestros socios comerciales nos imiten sino porque tiene sentido hacerlo.

Como dijo el presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Alan Greenspan, recientemente: "Si las barreras comerciales se reducen de ambos lados, cada uno se beneficia, pero si uno baja las barreras y el otro no, el país que bajó las barreras unilateralmente estaría todavía en una mejor posición por haberlo hecho".

Si estas acciones logran avances en el acceso a los mercados, mucho mejor. Pero es erróneo juzgar su eficacia tomando en cuenta esa referencia.

La experiencia del sector agrícola de Nueva Zelandia respecto de los subsidios

El sector agrícola de Nueva Zelandia se encuentra actualmente enfocado y orientado hacia las exportaciones. El equivalente a nuestro subsidio a la producción fue inferior al 3% en 1996, el más bajo en la OCDE (Organización de Cooperación y Desarrollo Económico). Esos fondos se destinan a la investigación, el control de plagas y enfermedades, programas medioambientales, medidas sanitarias y fitosanitarias y de bienestar animal, servicios de infraestructura y algunos pagos limitados para aliviar a las víctimas de catástrofes naturales.

Sin embargo, no siempre fue así. A fines de la década del 70 y principios de los ’80, el gobierno de Nueva Zelandia incluyó en el presupuesto varios subsidios agrícolas. En cierto punto, este gasto alcanzó a representar más del 30% del valor de producción. En el caso de los criadores de ovinos, se calculó que más del 40% de sus ingresos provenían del gobierno a principios de los ’80.

Hacia 1984, el sector agrícola de Nueva Zelandia corría el riesgo de estar tan aislado del mercado como muchos otros países de la OCDE. Hubo una toma de conciencia de que el mismo camino no podía continuar. Y fue impulsado por los mismos agricultores. Se pedía un cambio radical. Los líderes del sector agrícola estaban entre aquellos que pedían este cambio de política.

Debería dejar en claro que no era solo la agricultura de Nueva Zelandia sino la economía en su conjunto la que se encontraba sumergida en un total desorden a mediados de los ’80. Un comentarista escribió: "El año 1984 amaneció con una economía sujeta a estrictos controles y con un grado de intervención estatal mayor que en cualquier otro tiempo desde la Segunda Guerra Mundial".

Ocurrieron una serie de cambios a mediados de los ’80, que comenzaron con la abolición de los subsidios directos. La situación cambió rápidamente. Los mercados se abrieron al mundo exterior, se eliminaron los subsidios, la tasa de cambio flotó y la agricultura fue en su mayor parte desregulada. La reforma fue realizada rápida y efectivamente.

Pero por supuesto no fue indolora:

  • Algunos granjeros debieron abandonar sus tierras. Las predicciones oficiales pronosticaban que 8.000 establecimientos agrícolas cerrarían. Pero la realidad fue que solo unos 800 (el 1% del total de establecimientos en Nueva Zelandia en ese momento) se enfrentaron con una venta forzosa a fines de los ’80.
  • Las ganancias de los establecimientos agrícolas decayeron, pero esto no resultó solamente de la eliminación del apoyo gubernamental.
  • Los precios de las tierras de cultivo también cayeron de su máximo en 1982, demostrando así hasta que punto el apoyo del gobierno al sector agrícola había sido capitalizado en el valor de las tierras. Sin embargo, desde alrededor de 1990, justo cinco años después de comenzados los cambios, el precio de las tierras, especialmente para producción de lácteos, se ha ido incrementando.
  • El uso de la tierra es más diversificado y como consecuencia, los agricultores han podido tomar decisiones acerca de qué quieren producir, sin que los subsidios entorpezcan su buen juicio.

El resultado final es un sector agrícola eficiente y altamente competitivo que prefiere plantarse sobre sus propios pies y no depender de los subsidios gubernamentales. El sector agrícola rechaza activamente la limosna, en especial porque eso significa que pueden seguir bregando por la eliminación de los subsidios y la protección en otras áreas de la economía y de ese modo reducir los costos de los insumos agrícolas.

El hecho es que a los agricultores les gusta su trabajo. Se cultiva la tierra y se cría a los animales para producir lo que los consumidores quieren y no lo que los gobiernos dictan mediante la ayuda. Los productores agrícolas no quieren regresar al estado de cosas anterior a la reforma. En realidad, nuestros grupos de presión del sector agrícola son también únicos en el mundo ya que, en lugar de pedir algún apoyo especial, presionan para que las reformas económicas puedan mejorar su competitividad sin distorsionar al resto de la economía.

Reformas de las Juntas de Productores

Mientras que la producción agrícola en Nueva Zelandia ha sido desregulada y se han eliminado los subsidios, nuestro sector agrícola no está del todo exento de la intervención estatal.

El sector de exportación de nuestros productos agrícolas, hasta hace poco, había sido uno de los últimos en sufrir reformas. Una característica de la comercialización agrícola de Nueva Zelanda la han constituido las Juntas de Productores, la mayoría de las cuales se establecieron hace más de cincuenta años. Ellas adquirieron gran poder a medida que el sector agrícola prosperaba y el éxito agrícola de Nueva Zelandia se debía en gran parte al trabajo de estas Juntas.

Deben haber escuchado nombrar al Consejo de Productos Lácteos de Nueva Zelandia (New Zealand Dairy Board). Durante casi todo este siglo, las exportaciones de lácteos producidos en Nueva Zelandia han estado controladas por la legislación de modo que solo el Consejo de Productos Lácteos de Nueva Zelandia ha podido exportar libremente.

Este monopolio de las exportaciones ha evitado que otros presentaran ofertas por la leche neocelandesa. Actualmente, la legislación está siendo eliminada para permitir la competencia y, lo que es más importante, para eliminar las restricciones al crecimiento del Consejo de Productos Lácteos de Nueva Zelandia en los mercados mundiales.

Esto no significa el fin del Consejo, que se espera se convierta en una empresa, retenga su nombre y pase a ser una subsidiaria de una cooperativa láctea recientemente fusionada. El fin del control de las exportaciones dependerá del progreso de esa fusión. Se espera que los productores agrícolas de Nueva Zelandia vean mejoradas sus oportunidades al abastecer al Consejo de Productos Lácteos y a sus nuevos competidores internos. La innovación que va a traer aparejada esta nueva competencia del sector lechero también se espera mejorará las ganancias con el correr del tiempo.

El Consejo también intenta extender sus actividades internacionales con inversiones externas y más empresas conjuntas en otros países productores de lácteos. Esto debería permitirle incrementar el valor de sus productos.

Muchas de las exportaciones agrícolas de Nueva Zelandia se venden todavía como productos básicos. Los precios de esos productos cayeron en un 2% promedio por año durante los últimos cincuenta años y se espera que la tendencia continúe.

Los productos básicos también tienden a atraer a los altos aranceles a fin de que no se vendan en muchos de los mercados potenciales. Una característica común de la agricultura neocelandesa, y seguramente también uruguaya, consiste en una tendencia de otorgarle un valor agregado a través de un mayor procesamiento, un mejoramiento de la calidad, un mejor uso de las marcas y de las nuevas tecnologías.

Como país productor de alimentos, una de las tendencias más desafiantes que tenemos que enfrentar consiste en adelantarnos a los avances tecnológicos, en especial en biotecnología.

Necesitamos continuar generando nuevas clases de alimentos y fibras. Las inversiones en nuevas tecnologías y avances en biotecnología han resultado en algunos nuevos productos lácteos que causan gran entusiasmo. Por ejemplo, las proteínas se aíslan para desarrollar suplementos dietarios y productos farmacéuticos.

En el área de la horticultura, además de desarrollar nuevas variedades, nuestros investigadores han desarrollado etiquetas que cambian de color cuando la fruta se encuentra madura.

Una agricultura exitosa ya no se basa en productos básicos. Debemos ser innovadores y aprovechar la ciencia y la tecnología para progresar. No he mencionado el enorme potencial que posee la ingeniería genética, si se la utiliza cuidadosamente.

Se espera que los cambios a las Juntas de Productores de Nueva Zelandia ya descriptos, den impulso a esta clase de cambios.

Para conseguir un valor agregado es necesario invertir, pero las ganancias son beneficiosas si se lo hace correctamente. Los productos de valor agregado, así como evitar la caída de precios que los productos básicos están experimentando, tienden a enfrentar aranceles más bajos que los productos básicos.

Conclusión

Mientras que los cambios en la economía y agricultura neocelandesa se han llevado a cabo con éxito para mejorar nuestra competitividad internacional, el futuro de todos los sectores agrícolas de los países miembro del Grupo Cairns, descansa en la liberalización del comercio agrícola mundial.

Debemos continuar luchando por el libre comercio en el mercado internacional. Y aquí es donde el Uruguay es un amigo cercano de Nueva Zelandia para tratar de obtener no solo un libre comercio sino también un comercio más justo.